sábado, 28 de julio de 2007

Un corazón nuevo


“Y les daré otro corazón y pondré en ellos un nuevo espíritu; quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne y les daré un corazón de carne, par que anden en mis ordenanzas y guarden mis decretos y los cumplan, y sean mi pueblo y yo sea su Dios”
Ezequiel 11:19,20



Para muchas personas el ser cristiano es una cuestión de tradición. Mencionan que tienen tal o cual religión del mismo modo que podrían ser hinchas de algún club deportivo. Estiman que el cristianismo verdadero es una cuestión cultural, un evento social del que se participa de modo similar a la relación de nacionalidad. En este tipo de religión, la participación en el ritual es más importante que el cumplimiento de la voluntad de Dios.

La Biblia, en cambio, reitera que el cristianismo está lejos de ser una institución oficial o un estatus relacionada a vínculos de descendencia. “Los que hacen la voluntad de mi Padre, esos son mis hermanos, hermanas y madre” – habría dicho Jesús en una oportunidad; “De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”, había dicho en otra.

Hacerse cristiano no es cuestión de vivir en una costumbre, por el contrario implica necesariamente una ruptura con lo que somos para llegar a ser lo que Cristo quiere que seamos. Se trata de un cambio de corazón, no para vivir un divorcio entre ritual y experiencia cotidiana sino para andar en los caminos de Dios y ser verdaderamente pueblo suyo.

Cualquier cosa menos que esto, es solamente un triste autoengaño.



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