jueves, 20 de noviembre de 2008

SOMOS EL FUTURO


La semana pasada estuve muy abrumada ya que iba a dar mi examen de grado en la universidad. Mis nervios habían llegado a tal punto que no dormía bien ni me concentraba en mis devocionales. Estaba “fuera de orbita” el miércoles en la noche llegué a casa luego de trabajar y mamá me mostró algo que había encontrado mientras limpiaba: “mi Corario del campamento del año 1998”, cuyo título era “Yo soy el futuro”. Esto, me hizo meditar en sobre manera y empalmó con algo que sucedió este fin de semana. No lo puedo callar ahora!

Se imaginan encontrar algo que fue suyo después de diez años. Ahí puedes encontrar todas tus promesas, cosas que tal vez tu has olvidado pero el Señor jamás. Algunas que te dan risa y otras, promesas que te provocan una sonrisa, pero no por ser graciosas sino por ser los destellos de algo grandioso que el Señor tuvo guardado todo el tiempo para ti y que en ese entonces no veías. Ahora todo era tan claro!

“Ser el futuro”. Después de haber divagado en mi adolescencia, el Señor poco a poco fue trayéndome a sus brazos. Cuando desperté ya diez años habían pasado, mi realidad era otra y las pruebas que tenía, formaban mi carácter cada vez más. Es en estas pruebas, sólo me queda admitir que nada puedo hacer por mérito propio. Si Dios no lo desea, simplemente no sucederá pero, ¿Qué hay con las cosas que jamás imaginaste?. Aquellos retos que están frente a tu nariz y no quieres ver. Aquellos que implican responsabilidad al máximo y valentía. Sólo pensar en ello te escarapela el cuerpo!

Sin embargo, como lo Dice Hebreos 12:2 debemos “Poner nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe”. Debemos renunciar a todas nuestras ataduras y asumir nuestros objetivos y metas. Si dormimos, en un solo instante el Enemigo nos aniquilará. Para que ello no suceda, el Señor nos envió mentores. Personas que al principio ni se imaginaban que sus vidas y las nuestras se iban a entrelazar en un punto, fijándonos finalmente, en una sola cosa: “El amor a Jesucristo”. Lo único que hacen estas personas es brindarnos lo necesario para que más adelante sigamos solos. Como a las aves cuando recién están aprendiendo a volar, mamá les enseña como hacerlo. Al principio caen y les duele pero luego, después de tantos intentos volarán fastuosamente por su propia cuenta. Estos mentores hacen lo mismo con nosotros y se hacen tan queridos. A punta de peleas y risas. Regaños y nostalgias, se vuelven algo más que nuestra familia: “Nuestros hermanos en Cristo”. Ya que con su testimonio nos supieron decir que “Prosigamos a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:14). Tribulaciones vendrán, Satanás tratará de separar a estas personas de nuestro lado para hacernos caer. Dependerá de nosotros y de la ayuda de nuestro Señor Jesucristo para poder enfrentar todo lo que se viene. Pero eso sí, si tenemos una base bien fundamentada en Cristo. Nada nos hará caer!

A mis dos hermanos en la fe solo quiero decirles que nadie que fuese en pos de Cristo, estuvo toda su vida en comodidad sin padecer persecución. Gracias a Dios los tenemos y siempre será así. Gracias por ser nuestra familia. Los amamos en el Señor Sofía y Pavel Jáuregui. Sólo quiero decirles que no se preocupen porque: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que á juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Cor. 10:13)


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